Uno se pregunta cómo se forma eso que llamamos pensamiento crítico, en particular entre los jóvenes. En rigor, debería formarse en varios ámbitos, empezando por la familia y siguiendo por la escuela. Quitando el ámbito del ejemplo, que es el más eficaz, es difícil encontrar buen material sobre la formación del pensamiento crítico, sobre todo dirigido a jóvenes. Una buena parte del material está claramente ideologizado, a veces con una tendenciosidad que da escalofríos, o en el mejor de los casos con falta de rigor intelectual, limitándose a dar unos consejos que no van más allá de buenas intenciones. Hablar de pensamiento crítico es hablar de valentía moral e intelectual.

Por ello, quería recomendar la bitácora El blog de formación continua BC. En una de sus entradas ofrecen un curso de formación donde abordan la formación del pensamiento crítico y científico (en el tema 2). El material es excelente y está primorosamente elaborado. El contenido de la unidad que recomiendo es el siguiente:

Bases para la formación del pensamiento crítico
II. Pensamiento crítico y formación ética y ciudadana
III. La formación del intelecto
IV. Pensamiento crítico y pensamiento científico
V. Procesos involucrados en el aprendizaje del pensamiento científico

Tanto las actividades de lectura como las preguntas posteriores son certeras y provocativas. Considero que es una herramienta ideal para estudiantes de secundaria y bachillerato.

Termino citando el recuadro de la página 14 del documento de trabajo. Creo que es elocuente.

Resumiendo todo lo anterior, podemos decir que un intelecto crítico es aquel que:
  • Brota del deseo irrestricto de saber, de modo que se pregunta, se cuestiona e indaga la realidad continuamente.
  • Da cuenta de la realidad exterior e interior mediante argumentos razonables.
  • Reconoce los límites que marca su propia ignorancia y por ello…
  • Ejercita la humildad intelectual al reconocer que sus respuestas son provisionales, lo que le lleva a seguir indagando.
  • Reconoce su carácter histórico, es decir, no se concibe como producto pasivo de las circunstancias o del destino (fatalismo), sino que reconoce su capacidad para transformar y dar sentido a las circunstancias.
  • Ha desarrollado un sentido de responsabilidad para situar su acción individual en el contexto más amplio de las relaciones sociales.
  • Concibe las posibilidades de su libertad personal en relación con el compromiso de transformar la sociedad.
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