LOS ÁRBITROS EN LA LIGA DE HOCKEY DE MADRID

altAntes que nada, quiero advertir de que esta bitácora es muy subjetiva, está llena de apreciaciones personales. Tan repleta está de subjetivismo que aconsejamos, rogamos incluso, al lector que deje de leer este texto ahora mismo.

¿Sigue leyendo? Por su bien, absténgase el lector. Lo que viene a continuación no es más que la visión sesgada, subjetiva, particular de un don nadie. No merece la pena seguir. Déjelo aquí y ahora. Pinche AQUÍ para salir de esta página, por favor.

¿Aún ahí? Comprendo. Quiere conocer el intrépido lector las más abyectas bajezas morales del alma humana, la hez supurante de su penosa psique. Si es así, sepa que el lector lo hace bajo su irresponsabilidad y solo como fruto de su malsana curiosidad. Préparense para una ducha fría de subjetividad. Si me hubieran hecho objeto, sería objetivo; pero me hicieron sujeto.

No voy a entrar en la parte subjetiva del texto.

Así, de este modo tan contundente uno de mis interlocutores zanjó los argumentos que expuse en la bitácora. Esto sí que es entrar al trapo.

¿Subjetiva? ¿Por qué? ¿Qué es lo subjetivo? ¿La preponderancia del yo? Si tan subjetivas eran mis afirmaciones, ¿por qué no derribarlas de un plumazo cargado de objetividad irrefutable? Subjetividad tiene muchas acepciones y no sé muy bien a cuáles se referían mis interlocutores. Analicemos el concepto de subjetivo. Subjetivo puede ser lo que es sentido por experiencia íntima. Bien, pues he sufrido golpes en partidos de hockey que ciertos árbitros han dejado pasar y me han insultado con vehemencia (oiga, pero con vehemencia) en correos electrónicos. Y todo ello lo he sentido de manera íntima, en mis propias carnes. Han sido experiencias subjetivas pero también reales. Subjetividad es la cualidad de lo que existe solo para el sujeto y para su conciencia. La subjetividad puede afectar a los juicios de valor y de existencia. Es normal que lo subjetivo, hasta cierto grado, afecte a los juicios de valor, pero es muy preocupante que afecte a los juicios de existencia. No podemos negar la existencia del Sol bajo el argumento de la subjetividad so pena de coger una insolación. La subjetividad expresada como intensas referencias al yo en los juicios de valor y existencia es perniciosa. Ha de haber un límite en la subjetividad o en caso contrario podríamos caer en la creencia metafísica de que la realidad es el propio yo, de que todo objeto, persona o suceso no es más que una emanación de la mente. Esta (absurda) creencia se llama solipsismo.

Sin embargo, hay una realidad objetiva. A mi amigo Gutxi, aprovechando que el árbitro estaba de espaldas, le propinaron un fuerte golpe con el mango del palo que le causó un trauma costal. Un mes sin jugar: he ahí una realidad objetiva.

Todo aquel que crea ciegamente en el subjetivismo deberían darle una puñalada o quemarle.

No estoy dando ideas; esto es una cita del filósofo Avicena. Y no cabe duda de que la tontería de la subjetividad te la quita un equipo de hockey violento con un árbitro permisivo.

Por eso, todavía me sorprendo de que ciertas afirmaciones de mi anterior bitácora sobre los árbitros y su organización fueran tachadas de subjetividad. ¿No será un ataque de solipsismo galopante? ¿No será un construcción mental que aprisiona los juicios de existencia?

De la anterior bitácora mantengo que:

  1. Ser árbitro es principalmente la suma de dos cualidades. La primera es tener un conocimiento profundo del reglamento y del juego. En el partido las situaciones se suceden con rapidez endiablada y el árbitro debe estar alerta para tomar la decisión correcta. Tras el reglamento viene el coraje moral, la segunda cualidad. El árbitro tiene que ganarse el respeto de los jugadores. Dicho respeto solo puede basarse en la autoridad moral que el árbitro inspire. Si sabemos que el árbitro conoce y aplica el reglamento con rigor y mano firme, si sabemos que parará el más mínimo conato de juego sucio, si sabemos que arrinconará y echará al violento, entonces tendrá el respeto de los jugadores. Con un árbitro así, habrá juego limpio y, finalmente, se jugará al hockey tranquilamente.
  2. Es urgente que se formen nuevos árbitros y que los actuales también reciban formación. Debemos subir el nivel del arbitraje y hacer del hockey un juego seguro y justo.

Por la anterior bitácora recibí correcciones a errores que había cometido, vayan mis disculpas por delante; recibí quejas sobre mi "sentido del humor"; de nuevo, vayan mis disculpas por delante. Espero que en algún momento se abra un debate sobre el arbitraje en la liga de la FMP.

Por último y a colación de los insultos que recibí vía correo electrónico, querría hacer algunas observaciones. El insulto es un arte, qué duda cabe. Se puede hacer de modo soez o exquisito. Cuando se hace de modo soez demostramos falta de vocabulario, agudeza y gracia. Insultar de modo exquisito, sí, de ese modo en que nuestro interlocutor duda de si es insulto o no, duda de si ha entendido bien, o le sorprende tanto lo que ha oído que su cara le traiciona; ese modo de insultar requiere ironía, cintura y dominio del vocabulario. Nada de esto último encontré en las respuestas a mi anterior bitácora. A mí me gusta que me insulten con clase, y si eso no es posible, al menos con variedad de vocabulario, ¡qué menos! A continuación y para mejorar la capacidad de insulto de mis interlocutores adjunto la siguiente lista de improperios, los cuales creo se pueden aplicar a mi persona sin mucha dificultad. Tras la lista hay unas cuantas referencias útiles para dominar el vocabulario del insulto.

Abundio, acémila, aguafiestas, alcornoque, analfabestia, arrabalero, asqueroso, astroso, baboso, badulaque, baladrón, bardaje, barragana, bastardo, beocio, bergante, berzas, birria, bocazas, boquerón, (disfrute con lo que viene el amable insultante) boquimuelle, boquiblando, boquirroto, boquirrubio; botarate, bujarrón, bullebulle, buscavidas, cagado, calzonazos, camandulero, canalla, cantamañanas, capullo, caraculo, carantamaula, cazurro, cenutrio, cerícalo, charrán, chiquilicuatre, chisgarabís, chivato, churrillero, colipoterra, comemierda, correveidile, cretino, cutre, descerebrado, desvergonzado, echacantos, embrollón, energúmeno, engendro, entremetido, escoria, estólido, estrafalario, estulto, fachendón, fantasmón, faramalla, farfolla, fariseo, farsante, fatuo, fazpuerca, felón (que no felador), figurón, fodidencul, fodolí, follonero, gallina, gárrulo, gomoso, granuja, gurrumino, hampón, hazmerreír, hipócrita, huevón, impresentable, infame, insolente, inútil, jeta subjetivo, julandrón, lacayo, ladilla, lameculos, legañoso, lenguaraz, lerdo, lilaila, lilipendón, lloramigas, macaco, macandón, macanero, majadero, malaleche, malandrín, malasangre, malasombra, maldiciente, mameluco, mamón, mangante, mangonero, marrajo, marrano, marrullero, mediopolvo, membrillo, memo, mentecato, merluzo, metemuertos, mezquino, mindundi, mosca cojonera, necio, ñiquiñaque, ñorda, orate, pamplinas, panoli, parias, patán, patibulario, payaso, pegotero, pelele, penseque, perdulario, perro, petulante, pinchabombillas, piojoso, pitañoso, plasta, porcaz, primo, puñetero, quidam, rahez, ramplón, rapaz, rareras, rastrapajo, rastrero, robaperas, rufián, ruin, sabandija, sacamuelas, saltimbanqui, sanguijuela, sinvergüenza, tabarreras, tijeretas, tipejo, tiralevitas, tontilindango, torticero, trapacero, trapalón, trapisondista, trilero, truhán, tuercebotas, tunante, vainípedo, vanílocuo, víbora, vil, vivales, zafio, zampalimosnas, zarrapastroso, zascandil, zopenco, zorrastrón, zorrocotronco, zurriburri.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Página web de Jose Antonio Millá, sección de insultos: http://jamillan.com/insultos/index.htm. Accedida en marzo de 2010.
  2. Stephen Burgen, La lengua de tu puta madre. El libro de los tacos e improperios de Europa, traducción de P. Elías y C. Boune, Barcelona, Planeta, 1997.
  3. Pancracio Celdrán, Inventario general de insultos, Madrid, Ediciones del Prado, 1995.
  4. Juan de Dios Luque, Antonio Pamies, Francisco José Manjón, Diccionario del insulto. Barcelona. Península. 2000.
  5. Gregorio Doval, Florilegio de frases envenenadas. Una antología de la maledicencia, Madrid, Ediciones del Prado, 1996, 368 págs. Reseña
  6. Rakux, máquina de generar insultos: http://rakux.iespana.es/juegos/insulto.htm
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