La situación en la liga de la FMP

 

Hemosfoto-silbato.jpg recalcado ya el papel del árbitro como figura que vela por el respeto de las reglas y en última instancia evita la violencia en la pista. Ese papel no se ha analizado demasiado a fondo en las obras citadas en los artículos anteriores. Sin embargo, el análisis es sencillo: el árbitro es el garante instantáneo de las reglas en la pista. Cualquier atisbo de juego peligroso o violencia puede cortarlo por lo sano con el reglamento en la mano; de hecho, las penalizaciones por mala conducta y violencia innecesaria bastan para mantener un partido bajo control (regla nº 26, a) y d) y regla nº 52; véase [AÁC09]). Si un jugador no tiene la certeza de que hay un árbitro que pita con justicia, descontando fallos humanos, entonces el juego se convierte en una carrera entre pillos. Y de nuevo entramos en la espiral de saltarse las reglas y usarlas como medio para ganar.

 

 

La situación en la liga de la FMP no es comparable a la de las ligas canadienses, afortunadamente. Sin embargo, es claro que hay equipos y jugadores que practican la cultura del ganar a toda costa y usan las reglas como arma arrojadiza; en ocasiones han llegado a límites violentos. Recordamos una frase que pronunció un profesor en el curso de entrenadores (impartido por la FMP entre febrero y marzo de 2009) a propósito de los árbitros: "Uno no va a arbitrar para que le insulten". Nosotros pensamos al oírla: "Uno no va a un partido a que le peguen".

 

Nuestra experiencia, quizás corta, quizás limitada, pero real, es que hemos recibido:

  • golpes (codazos en las costillas, etc.) sin tener la pastilla aprovechando que el árbitro no mira (¿para cuándo el segundo árbitro?);
  • cargas desde atrás;
  • agarrones, de nuevo, a escondidas del árbitro;
  • tajos con el palo;
  • codazos al ir por una pastilla junto a otro jugador;
  • golpes en la cintura al hacer una escapada en 1 contra 0;
  • un padre que reprende a su hijo por disculparse con un jugador a quien acaba de dar un fuerte golpe (accidental) con el mango de la pala.
 

y hemos visto cosas como:

 
  • un entrenador que le tira la pizarra a los jugadores porque "no le echan huevos";
  • un jugador (y también entrenador) que finge una falta;
  • un entrenador que intimida al árbitro;
  • una jugadora que espera a que termine el partido para insultar al árbitro;
  • un jugador que hace añicos la pala camino del banquillo de penalizaciones;
  • un jugador que golpea con la pala en la mano de otro jugador a quien se le ha caído el guante;
  • padres que intimidan al árbitro y a los jugadores del equipo contrario.
 

Permítasenos insistir: estamos hablando de golpes dados con intención, no de meros choques fortuitos. Cuando recibíamos los golpes en los primeros partidos nos volvíamos tranquilos hacia el árbitro en la confianza de que esas infracciones se señalarían. En muchos casos no era así. Y nos dimos cuenta de que esos equipos se aprovechaban de la actitud de algunos árbitros.

 

¿Qué hace la FMP para evitar todo esto?

 

No nos encontramos en los niveles de institucionalización de la violencia que hay en Canadá, pero sí hay señales preocupantes de que se acepta la violencia, al menos por omisión, y a veces de un modo sutil. Durante el mencionado curso de entrenadores oímos a un entrenador contar que tenía un equipo que cometía muchas faltas y que por eso perdía muchos partidos. "Un día les dije" -prosigue el entrenador-, "que ellas verían, o bien dejaban de hacer faltas, o bien seguirían perdiendo partidos". Esta intervención nos dejó atónitos. ¿Dónde está el ejemplo moral del entrenador? ¿Es que esa violencia no es un problema también del entrenador? ¿No ha de enseñar el entrenador, y además con firmeza, que no se juega con violencia? ¿Es que solo hay que dejar de ser violentos porque se pierden partidos? ¿Y si se ganan? ¿Por qué saca un entrenador a la pista a un jugador que sabe que es violento?

 

Investigamos la situación de los árbitros. Parece ser que hay un problema de escasez de árbitros y que no todos tienen la actitud adecuada. Ser árbitro no es una tarea fácil. Aparte de saberse el reglamento hay que tener el interés genuino de que haya un partido justo y el valor moral de parar la violencia en cuanto aparezca. Nosotros nos hemos encontrado con árbitros en la liga de la FMP cuyo interés era el de cobrar el buen dinero que supone pitar un partido sin esforzarse mucho (hablamos de jóvenes para quienes arbitrar supone sacarse un dinerillo para sus gastos); o árbitros que han estado implicados en peleas en partidos de hockey; o árbitros que forman parte de equipos que practican la violencia y que, claro, pitan con tal falta de rigor (a veces es humillante, porque para colmo de sarcasmos, les da por pitar con mucho rigor); o árbitros que hacen la vista gorda y dejan que los jugadores resuelvan sus diferencias a base de golpes bajos. Nos parece peligroso y negativo para el hockey y su futuro. Mi hijo mismo me ha señalado la desidia de varios árbitros, desidia que me habría gustado ser capaz de negar.

 

Hemos de decir en descargo de la FMP, que nos consta que han hecho esfuerzos por poner árbitros competentes en los partidos importantes. Sin embargo, eso no es suficiente, como los ejemplos mencionados arriba muestran elocuentemente. El problema de la violencia, aunque su aparición no sea generalizada todavía, tiene que tomarse en serio. No percibimos que el problema de la violencia sea atajado con contundencia por parte de la FMP, y en particular, a través de sus árbitros.

 

Querríamos proponer un proyecto para remediar la situación descrita, esto es, la violencia en el hockey y la situación de los árbitros. Este proyecto consiste en la adopción/adaptación de un código similar al de Nanaimo [Ass03]. Su propósito sería el fomentar el respeto a las reglas del hockey por parte de todos los protagonistas: jugadores, entrenadores, directivos, padres y árbitros. La adopción del código Nanaimo implicaría las siguientes acciones:

 
  1. Código de conducta. Firma de un código de conducta por parte de cada padre que inscriba a su hijo en una competición de la FMP. Dicho código de conducta estaría inspirado en el informe Pascall [Pas00] tal y como se ha expuesto en el tercer artículo de esta serie. Otro código de conducta se daría a firmar a los jugadores, como forma de compromiso contra la violencia.
  2. Índice de deportividad. En una liga canadiense establecieron un índice de deportividad. Sumaban puntos aquellos equipos que acababan los partidos con menos de una cierta cantidad de minutos de penalización. Los equipos violentos, con baja puntuación, quedaban en evidencia. Esto provocó un aumento del juego limpio en esa liga.
  3. Arbitraje con dos árbitros. En las categorías más problemáticas, por ejemplo, sénior A y B, debería, si ello es posible, ir al sistema de dos árbitros. Si por el momento no es posible, debería pensarse como objetivo a medio plazo. Más control sobre la pista reforzaría el juego limpio y la integridad de los jugadores.
  4. Formación de los entrenadores. Los cursos de entrenadores deberían poner el acento en formar entrenadores que respeten y sean capaces de hacer respetar las reglas. Saber mucho hockey solo no debería ser el único mérito para ser entrenador. Nosotros hemos hecho el curso de entrenadores y, sinceramente, creemos que ese problema se ha tratado superficialmente.
  5. Formación de los árbitros. Aumentar la calidad de la formación de los árbitros, así como el control sobre su labor; hacerles conscientes de la gran responsabilidad que tienen entre manos, especialmente a los novatos y a los más jóvenes. También programar, si no se hace ya, reuniones periódicas en las que analizar el arbitraje durante la temporada.
  6. Endurecimiento del reglamento, o en su defecto la aplicación rigurosa del existente. Como expresó muy bien un padre entrevistado en el informe Pascall: "Una regla no es una regla a menos que implique una consecuencia."
 

Queremos dejar claro que no está en nuestro ánimo criticar injustamente a los árbitros de la FMP y que todo lo expuesto aquí es con el afán de mejorar el hockey en la comunidad de Madrid.

 

Referencias

[Ass03]
Nanaimo Minor Hockey Association. Violence, not part of youth hockey, 2003. Proyecto piloto para parar la violencia en las ligas infantiles. Web: http://www.hockeynanaimo.com/informationPDFs/WorkingPaper.pdf.
 
[AÁC09]
Silvio J. P. Alfaro, Javier Álvarez, Juan Cobarro, Javier M. Fernández, and Jesús García. Federación madrileña de patinaje. Documentación entregada en el curso de entrenadores de 2009., febrero y marzo 2009.
 
 
[Pas00]
Bernie Pascall. Eliminating hockey violence, 2000. Informe del Gobierno de British Columbia.
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