El 24 de noviembre es el día del orgullo primate. Esta es mi modesta contribución a la celebración de ese día. El asunto de fondo no es un homenaje a los primates, sino al orgullo primate, que es muy distinto. La celebración -al menos, tal y como la concibo- es una protesta rabiosa contra el creacionismo de los fundamentalistas religiosos. Ninguna religión se ha mostrado practicante furibunda de la tolerancia, y menos aún cuando la ciencia se ha atrevido a poner en duda sus fundamentos con hechos probados científicos. En el caso de la Iglesia católica, tenemos ejemplos más que de sobra: la persecución contra los alquimistas, la humillación a Galileo Galilei, su cruzada contra el racionalismo, su oposición a la teoría de la evolución, su rechazo a la teoría del bing bang, su antagonismo a la investigación con células madre, y así un largo etcétera. Los creacionistas, que no son más que fanáticos religiosos usando un lenguaje pseudocientíco, están haciendo mucho daño a generaciones enteras de estudiantes, que crecen en la intoxicación ideológica, en la más dolorosa falta de sentido crítico, que cultivan de manera inconsciente pero firme la idea de que se puede manipular los hechos, la ciencia, para conformarlos a las creencias religiosas. Dios no puso los fósiles para confundir al hombre.

Por eso, el día del orgullo primate es un día de lucha contra el fanatismo religioso. Dejo aquí este excelente vídeo de Glenys Álvarez.

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