altNo me he podido resistir a copiar esta graciosa fábula de José Luis Povedano, que no muestra sino la desesperación, la rabia y la ignominia con que el gobierno de la señora Aguirre está tratando la educación pública en esta comunidad. Nunca antes en la historia reciente de nuestro país ha habido un ataque a la educación pública tan frontal y premeditado al mismo tiempo que nunca ha habido semejante apoyo a la educación privada. En otros países la educación privada es excelente -léase Estados Unidos, Francia, Canadá, Inglaterra, por ejemplo-, pero aquí se basa en el mero negocio. Aquí, en muchos casos, la educación privada es un refugio de alumnos cuyos padres no quieren que vayan con emigrantes (el famoso racismo español), que bajan contenidos pero inflan las notas (negocio  pero sin problemas con los padres), que toman decisiones económicas por encima de consideraciones educativas (neoliberalismo económico a ultranza), que tienen profesores dando afines y no pasa nada (¡viva la especialización!), que engañan a unos padres que se quieren engañar llamando a sus colegios bilingües, que si un alumno es conflictivo lo expulsan del colegio en lugar de solucionar el problema. La inspección educativa no existe como tal en esta comunidad. Ha sido desmantelada, esto es, despojada de sus verdaderas funciones y hace tiempo -demasiado tiempo- que se dedica a tapar los problemas derivados de esta estrategia de favoritismo de la educación privada y detrimento de la pública. Y toda esa educación privada, con todos los problemas descritos, recibe más dinero que nunca sin ofrecer a cambio calidad. Este  fraude solo se puede sostener hasta la selectividad, pues de momento es un examen puesto por las instituciones públicas educativas. Eso sí, está tan depauperado, se ha bajado tanto el nivel que solo estudiantes verdaderamente malos la suspenden. De modo, que en realidad el fraude se prolonga con las universidades privadas -de nuevo, no todas, pero sí bastantes-. Recientemente, se ha publicado la segunda edición de los Rankings ISI de las universidades españolas según campos y disciplinas científicas, una clasificación rigurosa de las universidades españolas; mire el lector curioso la posición de las universidades privadas y luego investigue sus mensualidades.


FÁBULA DE LA SEÑORA AGUIRRE

 

CUENTAN de una Raposa
que astuta y rica vivía
y sólo condescendía
a hablar de unas cuantas cosas.
De nombre, aunque no era
verde pero verde se ponía,
fuera de esperar templanza,
aunque Esperanza, decía:
“¡Ay, que no quedan dineros
en mis arcas capitales!”
Pues busquemos animales
a quien quitárselos quiero.
Habló primero al banquero,
amigo suyo querido:
"no temas, el elegido
no serás tú, caballero".

¿A quién miraré que pueda
darme con qué gobernar?
Al burro no, que cocea.
Al gallo no, que pelea.
Al jefe, que no es león,
mas de León sigue siendo.
No, que es otro sin razón
con el que ando discutiendo.
¿Al topo que es muy gallardo,
hace hoyos y tunela;
aquel que vive en mi casa,
aunque en mala relación...?
No, pues que suelo insultarle
y, más que llamarle alcalde,
yo le llamo so... cavón.
Está, además, fastidiado,
pues en tan alta belleza
quiso poner su ciudad
que, yendo aún por la mitad,
anda bastante endeudado.

Ya sé qué es lo que yo haré,
dijo gritando triunfante,
del Holgazán Enseñante
mi ruina subsanaré.
¿Acaso no es un mangante
con tan poco trabajar
y decir que es importante
la tontuna de enseñar?
Que está sólo algunas horas
y no es trabajo esforzado
y, total, si hay más parados
qué pudieran enseñar...
¿a quién ello ha de importar
si, en poniendo dos horitas,
que ni ponen, que ni quitan,
muchos puestos me he de ahorrar?
¿O, acaso, es que puede haber
labor menos productiva?
¿Fabrican algo importante:
dinero, joyas, comida...?
¿Comemos fiIosofía?
¿Números primos cobramos?
¿Qué más me da a mí saber
si el pesao de Saramago
era un señor portugués
o una Sara de 'Bilbado'?”

“Mil contratos, que no haré,
irán a la papelera
y que encima no se quejen,
que enseñar puede cualquiera”.

Y así, el pobre enseñador,
que maestro era llamado,
encontróse harto insultado
por tan ilustre orador.
“Que trabajen –dicen muchos-,
que hacen grandes vacaciones”.

Y no saben los gritones que,
en materia de trabajo,
el que enseña a los de abajo
debe mucho cavilar
y, aun en casa descansando,
está siempre preparando
y no deja de pensar.

Por eso, señora Aguirre,
déjese usted ya de ultrajes,
diga pronto otras lindezas,
piense más con la cabeza
y estudie más personajes.
Escriba usted con tilde,
y sepa que está muy feo
criticar si no se sabe

José Luis Povedano

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