Para finalizar cabe destacar que mi método de estudio desde pequeño ha consistido en el vómito, pero a su vez pienso que la culpa no la tenemos los estudiantes sino el modelo educativo que se sigue en las escuelas para hacernos aprender, donde parece solo interesar un número en un papel con tu nombre escrito. El gran problema de la educación de hoy en día es que la gente piensa que aprobar conlleva aprender, y este es el gran problema ya que aprobar no es aprender

 


Desde pequeño me ha gustado las matemáticas, incluso recuerdo haber dicho “de mayor quiero estudiar matemáticas en la universidad”, y este año, a la hora de elegir la carrera me planteé hacer un doble grado de matemáticas e ingeniería del software, pero finalmente me decanté por el grado de software. Sin embargo, más o menos a partir de cuarto de la ESO cambié mi mentalidad y empecé a interesarme en el por qué de las cosas (al menos del por qué de aquellas que me llamaban la atención). Además justo ese año tuve a una profesora que podría ser catalogada de “dura”, dado que los exámenes eran más complicados, y a la hora de dar las clases hacía hincapié precisamente en el por qué de las cosas que explicaba, e insistía en que lo aprendiéramos

 


  Cuando comencé a estudiar las matemáticas recuerdo que tenía curiosidad, en un lugar recóndito de mi mente encuentro una difusa imagen de mi padre diciéndome, antes de empezar aquel primer año, que las matemáticas eran muy importantes, porque se “usaban para explicar el mundo en el que vivimos”. Mas allá de esto solo recuerdo que aquel primer año, y no solo ese, sino durante toda la primaria, no me gustaron nada las matemáticas. Bueno, para ser mas correcto, no me gustó nada ninguna asignatura, y no por su contenido (que si me parecía interesante) sino por la forma en que se explicaban ( Si es que a lo que hacíamos se le podía llamar explicar). Aun así, como las matemáticas se me daban bien, siempre sacaba sobresaliente sin mucho esfuerzo. Los profesores de primaria tienen un deber muy importante con sus alumnos, y prácticamente ninguno esta a la altura, al menos según mi experiencia. Desde mi punto de vista, ellos deben crearnos curiosidad, plantearnos cosas, hacernos ver el mundo de otra manera, no estar 2 meses seguidos haciendo divisiones sin saber siquiera por qué se hacen así, o sin habernos explicado, como tu mismo dijiste el otro día en clase, el concepto de la división y el motivo de su existencia

 


 Se me recomendó escoger el bachillerato de Ciencias Sociales, pero por pasión por los ordenadores y cabezonería ante ese pensamiento irracional que me invadía en el que mi cerebro que me decía que las matemáticas iban a hacer que dejase de estudiar, que dejase de dedicarme a lo que más me gusta, escogí el de Ciencias Tecnológicas. Al pasar a bachillerato, el número de chicos y chicas en la clase se desequilibró, hecho que algunos profesores usaron para comenzar cada clase con la expresión “sois menos porque las chicas nos valéis para la ciencia”. Un cúmulo de rabia por no saber, por no comprender y sobre todo porque se utilizara una distinción tan banal como el género para achacar problemas de docencia errónea me hicieron girarme hacia la única opción que conocía: seguir estudiando. Pasé los dos últimos años de secundaria y los dos de bachillerato echando todo mi tiempo vacacional (Navidad, verano, Semana Santa…) en una academia volviendo a machacar contenido que seguía sin comprender, incluso un profesor tuvo el arrojo de decir que “en algún momento mi cabeza haría click”, como si mi estancamiento matemático fuera una depresión, en la que un psiquiatra te receta antidepresivos y te dice que esperes hasta que hagan efecto. El esperar ese “click” era lo que me minaba interiormente y me preocupaba, porque esperar implicaba inacción y que yo no podría hacer nada por solucionar lo que me pasaba.

Actualmente sigo creyendo que tengo un vacío de contenido importante en la disciplina matemática. No por echar más tiempo, no por pensar que no valgo para ello, sino porque nadie en su día tuvo la valentía de explicarme que para comprender un campo tan abstracto se debe aplicar aquello que sentía cuando bailaba en esas clases extraescolares. La abstracción de ciertos conceptos me sigue costando, pero esa felicidad intrínseca que siento cuando algún problema, o algún cálculo complicado me sale hace que siga sintiendo una llama tenue de lo que sentía por las matemáticas cuando comencé a escribir números con un lápiz mal afilado en un cuaderno alineado, por lo que no desistiré en intentarlo hasta que ese “click” ocurra o alguien por fin me diga que no se trata de ningún “click”, sino de algo que yo aún no he encontrado. Me gustaría poder volver a disfrutar de las matemáticas como hacía antes.

 


Aunque bien es cierto que siempre me han gustado las matemáticas, no siempre he tenido buenos profesores o buena relación con ellos lo cual hizo que durante algún curso no progresara como debería haberlo hecho: en primaria, me encontré con una profesora que estaba cansada de dar clase y eso se notaba, sus clases eran aburridas basadas en un monólogo constante, con tan solo 12 años me daba cuenta de que esa profesora no estaba explotando nuestro potencial; en bachillerato, he tenido una profesora incapaz de resolvernos dudas, tenía como una especie de apuntes (que realmente creo que no eran ni suyos) y se limitaba a copiarlos en la pizarra, 2º Bach me lo pase entero haciendo ejercicios de anteriores EVAU que ella corregía mirando las soluciones y que si tu seguías otros pasos realmente no sabia si estaba bien o mal.

 


 En matemáticas había tenido siempre buenos profesores, que tenían un trato muy agradable conmigo y con mis compañeros, hasta que, al empezar primero de bachillerato, huyendo de las clases de la que decían ser la profesora más dura de mi instituto, di a parar en la clase de un profesor con el que, a pesar de tratar sus clases con un estilo ameno y entretenido, yo no acababa de adaptarme a su método de enseñanza. Como no entendía al 100% sus explicaciones, mi técnica de estudio fue la de siempre: intentar entenderlo en mi casa, llegar al examen preparado por mi cuenta y hacerlo lo mejor posible. Mis notas con este método no es que fueran para emocionarse, ni mucho menos para dar saltos de alegría. Cuando ya me vi cubierto de fango hasta el cuello, decidí buscar a una profesora particular, bastante bien valorada en mi zona, para poder comprender los temas. Esta profesora me ayudó a que consiguiera sacarme ese primer curso de bachillerato con pinzas.

Al siguiente curso comenzó el último año de bachillerato y tenía que cambiar mi método de estudiar si quería terminar el curso y aprobar ese examen que a todo el mundo le da tanto miedo, es decir, la EVAU. Durante el curso fui siguiendo a mi ritmo las clases de matemáticas que, aunque entretenidas, eran muy exigentes, pero dedicándole mucho más trabajo en casa. Con todo y con esto, mis notas no es que mejorasen precisamente, si no que me veía atascado en una cifra que se repetía en todos mis exámenes de esta asignatura. Al acabar el curso, al ver tanta gente que se había quedado a las puertas del aprobado, gente que no pudo sacarse esa asignatura, me di cuenta que el problema no era mío únicamente, si no que muchos compañeros tenían el mismo problema con ese profesor. Llegado a este punto es donde entra mi anécdota buena, ya que finalizado el curso comencé a prepararme por mi cuenta en casa para el examen de EVAU, que con mucho esfuerzo acabé. Mi alegría llegó el día que se colgaron las notas y vi mi resultado en el examen de matemáticas, éste casi llegaba a duplicar aquel 5 al que llevaba pegado aquellos años. Me sentí muy contento conmigo mismo, ya que por mi cuenta y con ayuda de mi entorno conseguí con éxito aprobar y sacarlo adelante. Vi que era capaz de organizarme las cosas por mi cuenta para poder conseguir mis objetivos. Con esto no quiero decir que mi profesor no tuvo nada que ver en mis resultados, ya que la mayoría de los conceptos matemáticos que adquirí esos dos años me los dio él y ha formado parte de la construcción de mi castillo de conceptos matemáticos que, poco a poco, estoy creando. El problema venia dado por aquellas explicaciones tan liosas y borrosas que nos daba día a día.

Para finalizar cabe destacar que mi método de estudio desde pequeño ha consistido en el vómito, pero a su vez pienso que la culpa no la tenemos los estudiantes sino el modelo educativo que se sigue en las escuelas para hacernos aprender, donde parece solo interesar un número en un papel con tu nombre escrito. El gran problema de la educación de hoy en día es que la gente piensa que aprobar conlleva aprender, y este es el gran problema ya que aprobar no es aprender.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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